FINCA SANTA ISABEL

Voy a tomarme un burrito pero… también me apetece hacerme un bocadillo de salchichón de Málaga pero… el arroz tiene una pinta estupenda…

Estos son los pensamientos que seguro pasaban por la cabeza de los invitados a la boda de Verónica y Darío. Alejandra Catering les había ofrecido una solución en Finca Santa Isabel con mucha imaginación: la celebración iba a consistir en diversos puestos en los que habría diferentes tipos de comida. Unos más sofisticados y otros tan sencillos como la increible charcutería de Málaga: morcilla, chorizo, salchichón,  manteca… mmm

Hacer una celebración clásica con un cocktail más o menos largo y un almuerzo tiene indudablemente sus ventajas.  Sin embargo tenemos derecho a decir: ¡la celebración de mi boda va a ser distinta! La gente va a estar a gusto porque van a estar comiendo lo que más les guste y cuando les apetezca.

La verdad es que es curioso y divertido lo glotones que nos volvemos cuando no tenemos otra cosa que hacer más que decidir qué nos apetece y cuando. Y si tenemos dudas empezamos por la primera opción y dejamos la segunda para cuando pase un rato. Y así hasta que nos sale el: ¡Yo ya no puedo más!

Pero sacan los  dulces y los postres y encotramos hueco no sabemos de donde para continuar con el pecado capital de la gula. Pero un día es un día y las delicias de Alejandra Catering lo merecen.

Junto a los puestos de comida también había puestos de bebidas: mojitos, cerveza… Hay que ayudar a pasar la comida bebiendo aunque sea un poquito. Y si se bebe algo más de la cuenta no hay problema porque para eso están los autobuses de los invitados. Uno de los mejores inventos para las bodas.

La estructura de la Finca Santa Isabel favorece la distribución de los puestos alrededor de una explanada por la que se accede a un mirador con unas vistas increibles de la costa. Hay un columpio vintage precioso que no es solo para niños.

Siempre hay un adulto haciendo la broma de imitar a un niño pero que en el fondo está disfrutando de una sensación que ha encantado a toda la humanidad desde siempre. Pienso que debe ser una reminiscencia de nuestros ancestros primates cuando se balanceaban en los árboles. Puede ser, ¿verdad?

Verónica y Darío aprovecharon la mañana siguiente para hacer el postboda en la finca. No tuve que comerme mucho el “tarro”. Tenía a mi disposición un montón de espacios para aprovechar y sacar unas fotos frescas y divertidas.

Como podéis ver el tercer miembro de la familia, Chocolate, disfrutó tanto como ellos de la sesión. Donde íbamos venía él detrás. Y merecía la pena aprovechar las ocasiones que me daba. Además para eso le habían puesto una pajarita, para que estuviese guapo.

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