EL PRIMER AÑO DE MI BEBÉ EN FOTOS

-!Qué pereza¡ La verdad es que no veas… ¡con el frío que hace!…¡con el calor que hace!…¡con el…!  ¡Y así vamos a estar un año entero!

Imagino que estos pueden ser los pensamientos de los padres de un bebé recien nacido cuando piensan que tienen que arrancar para ir a un estudio de fotografía a hacerle fotos. Les he comentado que lo suyo es que la sesión sea en las dos primeras semanas, porque en ese periodo pasan la mayor parte del tiempo dormidos profundamente. A partir de la tercera semana empiezan a responder a los estímulos externos y es muy dificil colocarlos en posturas fetales y colocarles gorritos y demás sin que se despierten molestos. Y comprendo que los nuevos hábitos de vida que ha traido consigo el bebé no favorecen la relajación. Todo lo contrario. Los padres, sobre todo primerizos, suelen estar bastante agobiados.

Pero en este caso la expresión “ha merecido la pena” viene que ni pintada. En la cara de  los padres al ver las fotos al cabo de unos días se ve claro que dan por bueno el esfuerzo empleado.

Cuando vamos a hacer las fotos de los tres meses la cosa cambia.Al bebé hay que ponerlo tumbado boca arriba o boca abajo y no puedes “colocarlo” en una postura. Hay que procurar que esté cómodo para que se sienta a gusto y se ria cuando se le hagan monerías. Me resulta curioso que hay algunos fotógrafos que solo hacen fotos de los bebés hasta los quince días, o ya a partir de los siete meses. Creo que en cualquier momento se pueden conseguir unos resultados estupendos teniendo un “pocomucha”  paciencia.

Con los seis meses tenemos más juego. Ya se suele mantener sentado aunque a veces necesite un apoyo. Está muy acostumbrado a sus padres, que lo conocen muy bien, y saben con qué se siente más a guso para sacarle las expresiones más bonitas.

Para los nueve meses lo difícil puede ser que se mantenga quieto. Gatean a una velocidad de vértigo y hay que andar colocándolos en el set de estudio cada dos por tres. De nuevo la paciencia de los padres es fundamental para que yo pueda conseguir un buen resultado.

Y por fin a los doce meses, con el primer añito, podemos generalmente ponerlos de pie, aunque sea un ratito, sentados, tumbados, y como a él le de la gana. Porque el que manda a fin de cuentas es él, o ella. Hay que jugar con ellos, engatusarlos para que se entretengan en el set que se les haya montado, que se lo pasen bién y entonces es cuando sacamos las expresiones más naturales y espontáneas.

Pienso que, como podéis ver en estas fotos de Kenai, ha merecido la pena hacer el esfuerzo de buscar huecos en el poco tiempo disponible que tienen las familias. Yo creo que podemos decir que esta secuencia de fotos durante su primer año es una verdadera joyita, un pequeño gran tesoro.

 

 

 

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